Cara a cara con Gauguin

gauguin1Que a Gauguin le gustaban las tahitianas no es ningún secreto. Desde finales del siglo XIX y durante gran parte del siglo XX, el interés por lo “éxótico” marcó el rumbo de muchos artistas y exploradores que, ávidos de aventura y recursos económicos, se lanzaron en busca de lo hasta ahora, desconocido. Esta búsqueda de lo “exótico” supuso todo un vuelco para el mundo del arte y las culturas colonizadas. Un ejemplo claro, fue el viaje que nuestro artista de hoy,  Paul Gauguin, realizó a Tahití; posiblemente uno de los pintores más influyentes en el desarrollo del movimiento vanguardista de la época. Sin embargo, antes de este primer acercamiento a la cultura polinesia, el artista, de origen francés, ya había entrado en contacto con otras culturas, extrañas a su occidente natal y  visitado otros países como Perú, o el archipiélago de las Antillas.

Tahití fue sin embargo, el punto de inflexión de una carrera que aunque prometedora, no resultaba sino, más de lo mismo…

Por ello, este enclave fue el elegido por el pintor para instalarse en 1891 y construir su casa, a imitación de las locales. Mas tarde, Gauguin conocería las Islas Marquesas y se covirtiría en un gran defensor de los derechos de los ciudadanos polinesios.

Hoy, en esta primera parte de su recorrido vital, una de las más influyentes de su trayectoria, descubrimos gracias a sus pinturas,  una cultura que se proyecta a través de los colores, capaces de trasladarnos a miles de kilómetros.  No obstante, si a Gauguin le cautivó el corazón el exotismo de lo  diferente, a los madrileños, os cautivará la exposición que el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid ofrece hasta el próximo día 13 de enero y que se titula Gauguin y el viaje a lo exótico. 

La muestra, a cargo de Paloma Alarcó, jefa del Área de Pintura Moderna del  Museo ahonda en cómo la pintura de Gauguin recibe una fuerte influencia del entorno natural en el que se encuentra y explica, de forma magistral, cómo “la mirada hacia lo exótico es una tradición muy asentada entre los artistas franceses a mediados del siglo XIX “. Para ello, la exposición aborda en primer lugar, la figura del mismísimo Paul Gauguin y su reconquista del primitivismo. Sus pinturas icónicas, creadas a través del filtro de Polinesia, han ejercido una influencia decisiva en los movimientos artísticos, rupturistas, de inicios del siglo XX.

Además, la muestra trata el viaje como el escape de la civilización. Una vuelta a los orígenes, utópicos, edénicos. Según fuentes del propio museo,  esta exposición,  “se refiere a la concepción moderna de lo exótico y sus vinculaciones con la etnografía”.

El cierre de todo el entramado radica en el viaje de Matisse a la Polinesia francesa, en 1930. Año en el que el director de cine F.W. Murnau rueda Tabú. Sin duda, resulta una visita de las obligadas, que nos abre paso a una realidad distinta, diferente, y sobre todo, llena de luz y color.

Los días 6, 7 y 8 de diciembre el Museo Thyssen- Bornemisza ampliará  el horario de apertura de las exposiciones temporales hasta las 22.00 horas.

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